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Una farsa de presidente

Barbra Streisand Cantante, actriz, directora, compositora, activista

Barbra Streisand Cantante, actriz, directora, compositora, activista

Hay un fraude narcisista en la Casa Blanca. Un hombre de mal carácter, vengativo e incompetente está dirigiendo los Estados Unidos. ¿Hasta dónde llegan sus carencias emocionales y su necesidad de elogios?

Es complicado discernir dónde acaba su desenfrenado narcisismo y dónde empiezan sus graves problemas mentales. Mentir se le da increíblemente bien y sin que haya un motivo, salvo el hecho de que tiene una visión bastante difusa de lo que es la verdad. ¿Es el narcisismo el motor de todas sus mentiras?

Un ejemplo es el caso de las portadas falsas de la revista Time, con titulares y fotografías que lo encumbran, exhibidas en siete de sus clubes de golf. Vaya mezcla más rara entre la vanidad y el fraude. Esa mezcla es un presidente cuyos jefes de gabinete le rinden homenaje sumisamente cuando hay alguna cámara encendida. ¿Qué será lo siguiente, estimado presidente? ¿Un nuevo corte de pelo?

 

Trump ha mentido tantas veces que hasta salió un artículo de The New York Times enumerando las mentiras que había dicho desde que prestó juramento al cargo. Por no mencionar también todas las falsedades repetidas hasta la saciedad durante su campaña presidencial, o las que les dijo a los inversores antes de llevar a la bancarrota seis acuerdos comerciales.

 

Nos dice que es muy rico, pero se salta la Constitución para enriquecerse a sí mismo y a su familia. El director del departamento de ética de los Estados Unidos acaba de dimitir, resignado.

 

Trump sigue mintiendo acerca del número de asistentes a su investidura. ¿Por qué es tan importante para él? Está tan obsesionado con haber perdido el voto popular en las elecciones por tres millones de votos que ha creado una comisión partidista y financiada por los contribuyentes para investigar un fraude (inexistente) en los comicios, por el que, según alega, entre tres y cinco millones de personas votaron ilegalmente.

 

Según un estudio de lo que haría esta comisión antifraude, las consecuencias serían devastadoras para muchos votantes legítimos: “Por cada caso de doble votación identificado por el programa, se detectaron 200 falsos positivos que serían eliminados de los registros”. Por suerte, 44 estados (a fecha del 5 de julio) se han negado a cumplir con todas las exigencias de la comisión y a tenderles toda la información partidista solicitada.

 

El medio Business Insider señaló que el Departamento de Seguridad Nacional ni siquiera tiene intención de investigar si se hackearon los dispositivos de votación en noviembre y que la comisión tampoco se va a molestar en investigar un posible involucramiento de Rusia. Mientras redacto este blog, están informando que Trump ha aceptado, pese a las pruebas halladas por los servicios de inteligencia, la palabra del presidente Putin, que niega cualquier interferencia en las elecciones presidenciales de 2016.

 

Donald Trump tiene un problema especial cuando las críticas provienen de las mujeres fuertes. Ya fuimos testigos de sus repugnantes declaraciones sobre la presentadora Mika Brzezinski (“Sangraba abundantemente por su lifting facial”). ¿En una cena en tu mansión de Mar-a-Lago? Lo dudo.

¿Por qué está obsesionado con la sangre? En un debate moderado por la periodista Megyn Kelly para las primarias del Partido Republicano, se sintió tan hostigado por las duras y astutas preguntas de la periodista que, posteriormente, la acabó denigrando diciendo que “le salía sangre por los ojos, por todas partes”. Y volvió a la carga retuiteando a alguien que la llamó “bimbo” (algo así como barbie).

 

Está acostumbrado a desacreditar a las mujeres por su apariencia, las suele rebajar a meros objetos sexuales y se jacta de poder acosarlas sexualmente… ¿y aun así se convirtió en presidente?

En otra batalla en Twitter con el presentador y expolítico Joe Scarborough y Brzezinski, llamó “loco” al primero y “loca con bajo cociente intelectual” a la segunda. También dijo que al exdirector del FBI, James Comey, le faltaba un tornillo. Parece ser otro ejemplode que Trump sufre un trastorno psicológico de la personalidad que le hace proyectar sus defectos en los demás.

 

¿Está cegado por su ego?

 

El gran ego de este pequeño hombre motiva sus políticas vengativas. La presidencia para él es, ante todo, una victoria personal, sin importar cuánto le pueda costar a los demás. Es un presidente que adora el rugido de la multitud y que ni siquiera quiere aprender los fundamentos de la política federal.

Mientras Trump maneja el circo en su cabeza, su vicepresidente, Mike Pence, está haciendo lo posible por sacar adelante la agenda de extrema derecha de los hermanos Koch. Han acabado con protecciones para el medioambiente, para el trabajo y para el consumidor.

El Departamento de Educación está debilitando las escuelas públicas y ahora los fiscales generales de 18 estados han demandado a Betsy DeVos, la secretaria de Educación, por anular unas medidas de protección a los estudiantes universitarios de quienes se han aprovechado con préstamos fraudulentos.

De hecho, la administración Trump parece estar obsesionada con deshacer las medidas históricas de sus respectivos departamentos. No es una sorpresa, teniendo en cuenta que los principales patrocinadores financieros de Donald Trump están consiguiendo todo lo que se proponen: liberalización económica mediante el descuido de lo público.

Cuando aún era candidato a la presidencia, Trump prometió que no habría recortes sanitarios, que nadie perdería su cobertura médica y que nadie se arruinaría por ello. Pero ahora sabemos que su sistema sanitario, TrumpCare, ha realizado los mayores recortes en sanidad y que ha reducido los impuestos a las economías más poderosas del país a costa de dejar a 23 millones de personas sin seguro médico.

 

Otra promesa rota. Los recortes sanitarios han atacado especialmente a los seguros médicos de las mujeres, como si de una venganza se tratara. ¿De verdad los votantes de Trump apoyan tales medidas? ¿Acaso las conocen? Quizás no, si solo ven las noticias falsas de la cadena Fox.

Los ciudadanos de todo el mundo han tomado nota. Según una encuesta del Pew Research Center, la fe en que Donald Trump afronte correctamente los principales problemas globales se sitúa en el 22%. Con Obama, esa misma encuesta llegaba al 64%.

 

Keith Olbermann, un famoso presentador de noticias, ha promovido la denominación #FakePresident (presidente falso). Aún está reciente en nuestra memoria aquel intento no correspondido de buscar legitimidad diciéndoles a los medios de comunicación: “Yo soy presidente, ustedes no”. Si oyen bien, casi se le puede escuchar de fondo como a un niño tarareando “solo yo puedo jugar, ustedes no”.

 

También podemos recordar su aparición en el famoso programa de lucha libre WWE, cuando aparece atizándole a un rival, video que empleó con la cara del rival cambiada por el logo de la cadena de noticias CNN.

 

Aunque es cierto que representó bastante bien su papel de falso luchador de la WWE, ¿qué clase de retraso en el desarrollo padece Donald Trump para retuitear eso? ¿Se quedó atascado en los doce años?

Así es la presidencia de Donald Trump. Y no va a madurar en el cargo. ¿De dónde nacen sus ansias de venganza? ¿De la humillación pública que sufrió de la mano de Obama durante una cena en la Casa Blanca? Como muy bien dijo el periodista Charles Blow: “Trump quiere ser Obama, que todos le tengan en gran estima. Por desgracia para él, Trump solo es Trump”. La consideración que siente la gente por Trump está más que hundida.

 

Durante sus primeros cinco meses como presidente se pasó el 20% del tiempo jugando golf en vez de estar aprendiendo sobre asuntos de política. Se limita a ver la televisión y después tuitear enojadísimo. No tiene el buen temperamento que se le ha de exigir a un presidente.

Teniendo en cuenta sus desvaríos sobre las noticias falsas y los medios de comunicación mentirosos, la verdad es que sí que se le puede considerar una farsa de presidente.

 

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