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En apertura embajada EE.UU. en Jerusalem israel mata 55 palestinos

En la imagen, un palestino abraza a su hermano muerto en las protestas.

En la imagen, un palestino abraza a su hermano muerto en las protestas.

FRANJA DE GAZA.- Una retahíla de condenas. Esa ha sido la respuesta de distintos países a la apertura este lunes de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, una decisión rechazada por la mayoría de miembros de la ONU y que ahora lleva en su fecha la marca de al menos 55 palestinos muertos por la represión a disparos del Ejército israelí en la frontera con la Franja de Gaza.

Reino Unido, Francia, Rusia, Irán, la Unión Europea. Todos han criticado la inauguración que ocurría entre aplausos poco después de que en Gaza se viviera una violencia no vista desde la guerra de 2014, cuando se congelaron los diálogos de paz. Este lunes miles de palestinos molestos por la decisión protestaron, pero sus reclamos terminaron en violentos enfrentamientos de piedras, bombas caseras y neumáticos contra las balas de militares israelíes en cinco puntos a lo largo de la frontera, lo que dejó decenas de muertos heridos de bala y más de 1,000 heridos.

Para Estados Unidos, el responsable de lo ocurrido es la organización terrorista palestina Hamas, señaló el portavoz de la Casa Blanca, Raj Shah. “No se puede perder de vista que Hamas tiene responsabilidad por esta situación”, dijo al romper el silencio del gobierno estadounidense sobre la matanza y sin señalamientos contra Israel, pese a que el propio primer ministro Benjamín Netanyahu defendió el uso de la fuerza en Gaza.

Mientras, el resto del mundo condenó la violencia al señalar directamente a Israel. El presidente palestino, Mahmud Abbas, lo consideró una “masacre”, declaró tres días de luto y reiteró que bajo este panorama Estados Unidos no podría ser un mediador en el conflicto en Oriente Medio. “No aceptaremos nada de su parte, no escucharemos nada que venga de ellos”, afirmó al asegurar que la autoridad palestina solo aceptará una “mediación internacional”.

Kuwait pidió una reunión urgente al Consejo de Seguridad de la ONU y advirtió que habrá una reacción de su parte por las muertes.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, acusó a Israel de “terrorismo de Estado” y “genocidio”. “Israel es un Estado terrorista”, dijo a estudiantes turcos en Londres en un discurso televisado. “Condeno este drama humanitario, el genocidio, venga de donde venga, de Israel o de Estados Unidos”, agregó al convocar a una gran protesta en Estambul el viernes.

El presidente de Francia, Emmanuel Macrón, reafirmó su rechazo a la apertura de la embajada en Jerusalén y criticó la violencia; un vocero de la primer ministra de Reino Unido, Theresa May, y la Unión Europea llamaron a la calma para evitar más muertes y proteger los esfuerzos que se han hecho para encaminar a las dos naciones hacia la paz. Y Rusia instó a que el destino de Jerusalén se decida “a través de un diálogo directo con los palestinos” y no “cambiando unilateralmente decisiones de la comunidad internacional”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov.

Las reacciones provinieron hasta de organizaciones como de Amnistía Internacional, que describió lo ocurrido en Gaza como “una abominable violación del derecho internacional y de los derechos humanos”. Y de 18 expertos del comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial, que exhortaron a Israel “a poner fin inmediatamente al uso desproporcionado de la fuerza contra manifestantes palestinos” y que “se abstenga de todo acto que pueda dejar nuevas víctimas”.

Según confirmó el portavoz del Ministerio de Salud palestino en Gaza, Ashraf al Qedra, el primer muerto fue Anas Qudieh, de 21 años por impacto de bala en el este de Jan Yunis, en el sur del enclave. En la imagen, un palestino abraza a su hermano muerto en las protestas.

Jerusalén, el centro de la discordia

Desde la campaña presidencial, Trump había advertido su intención de mudar la sede diplomática de Tel Aviv a Jerusalén, algo a lo que ningún gobierno estadounidense había accedido.

La ubicación de la embajada de EEUU ha ocupado el debate de la política exterior durante décadas. Tanto Bill Clinton como George W. Bush prometieron moverla en sus campañas: ninguno concretó la medida por lo sensible de la decisión y el rol mediador que Estados Unidos ha jugado durante años.

Antes de que se concretara el cambio, los analistas consideraban que mover el edificio a Jerusalén echaba por tierra años de esa mediación y arruinaría cualquier posibilidad de abrir negociaciones a futuro. Con la inauguración, Washington reconoce de facto que la capital de Israel es Jerusalén aún cuando los propios países implicados en el conflicto no lo han acordado.

Los israelíes consideran a toda la antigua ciudad –que se anexaron tras una guerra en 1967– como su capital “indivisible”; los palestinos quieren que Jerusalén Oriental sea la capital de un futuro Estado palestino a fundar en la Cisjordania ocupada. Es un territorio en disputa y sin acuerdos entre las dos partes, por lo que la comunidad internacional había decidido que hasta que no se alcanzara un estatuto final para la paz las embajadas no debían establecerse en esta ciudad. Este ha sido uno de los puntos más delicados durante las prolongadas conversaciones entre los israelíes y los palestinos.

Y mientras eso se resuelve, la mayoría de los países han mantenido sus sedes diplomáticas en Tel Aviv, menos Estados Unidos. Y tras el anuncio de Trump solo Guatemala y Paraguay anunciaron que también planeaban mudar sus delegaciones.

 

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